Cómo armar una cartera de inversión: paso a paso


Los inversores primerizos, que quieren armar una cartera de inversión por primera vez, sufren de un problema similar al de los escritores: el síndrome de la hoja en blanco. 

Mientras que los escritores a veces les cuesta encontrar un tema para escribir, cómo continuar una historia o cómo expresar en palabras lo que quieren transmitir, los inversores novatos también pueden perderse a la hora de sentarse frente a una pantalla (o un cuaderno si sos old school) y comenzar a diseñar una inversión. 

Y si bien puede resultar intimidante plantarse frente a la tarea de diseñar una cartera de inversión, la realidad es que no es muy complicado. En los siguientes párrafos te vamos a compartir cuál es el proceso para pasar de ser un potencial inversor a tener tu propia cartera de inversión diversificada. Y no fallar en el intento.

Paso 1. Una evaluación personal 

Okay, queremos empezar a invertir, pero antes de lanzarnos a clickear COMPRAR por todos lados debemos tener en claro algunas cuestiones muy importantes acerca de uno mismo como inversor. 

Lo primero que debemos hacer es una evaluación de nuestra situación económica-financiera personal, nuestros objetivos de inversión y nuestra personalidad como inversores. 

¿En qué consiste está evaluación? Lo primero es saber dónde uno está parado. No es lo mismo tener un recién graduado de 23 años, que una persona de 60 cercana al retiro. Una cartera de inversión adecuada para un perfil puede ser inapropiada para otro.

Por eso, antes de comenzar a invertir, tenés que preguntarte, ¿para qué estás invirtiendo? Hay gente que invierte su dinero porque quiere obtener una renta, hay gente que lo hace como parte de su plan de retiro, otros lo hacen para pagarle la universidad a sus hijos. 

Además de los objetivos de la inversión, también hay que considerar el contexto. Si tenés pensado usar o debés usar el dinero a invertir en los próximos 12 meses, no es lo mismo que invertir dinero del que no precisás disponer en los próximos 5 años. 

Otro factor importante es conocer tu tolerancia al riesgo. En términos de inversión, cuando hablamos de riesgo nos referimos a las potenciales pérdidas que uno está dispuesto a asumir. Pero también el riesgo está asociado al potencial beneficio que podemos llegar a tener. Son dos caras de una misma moneda.

Hay inversores que pueden ver afectada su salud y tranquilidad si su cartera se pone demasiado negativa. ¿Dormirías tranquilo si tu inversión está un 20% en rojo? Esta es una pregunta clave para poder entender la tolerancia al riesgo. 

El riesgo que uno debe tomar a la hora de armar una cartera de inversión va a estar relacionado con la personalidad del inversor, pero también con el objetivo y horizonte temporal de la inversión, la situación económico-financiera personal y familiar y los planes a futuro que tenga el inversor. 

Una herramienta para tener una primera orientación son los clásicos Tests del Inversor, un cuestionario para determinar el perfil de quien invierte. Hay que tener en cuenta que esto es solo una orientación. El test del inversor no es el sombrero seleccionador de Harry Potter, si te toca que sos un inversor “Conservador” es un punto de partida, pero, como vimos el único factor a considerar. 

Conocer nuestro perfil, y tener en claro los objetivos y el camino de la inversión, nos va a permitir definir, a grandes rasgos, qué clases de activos conformarán nuestra cartera. 

Paso 2. Determinar la composición de la cartera

El primer paso fue el diagnóstico. Ahora sabés dónde estás parado y tenés más claro tu situación actual y la que querés alcanzar con tu inversión. El siguiente paso es ponerse manos a la obra. 

Pero antes de entrar en detalles y ver qué acción, bono o instrumento comprar, es una buena práctica definir cómo va a estar compuesta esa cartera. No en materia de activos individuales, sino que clases, o categorías de activos, la van a componer y en qué parte. 

Por ejemplo, una cartera conservadora asignará una mayor parte a instrumentos de renta fija que una cartera moderada o agresiva. 

La decisión de qué activos van a componer la cartera puede ser aún más granulada. 

Podemos saber que un 70% vamos a invertirlo en acciones, por ejemplo, pero dentro de esa parte podríamos volver a diversificar en materia del tamaño de las empresas, las industrias, los países en los que están afincadas o en los mercados que participan. 

Así como comprar bonos de la Reserva Federal tiene mayores niveles de riesgo que un bono argentino, comprar acciones de McDonald’s no tiene el mismo nivel de riesgo que comprar acciones de una empresa de cinco años de antigüedad y una capitalización de mercado de 2.000 millones de dólares. 

A diferencia de lo que ocurre con el trading, en las inversiones no es necesario seguir tan de cerca el ritmo al mercado: el timing no es el factor determinante de éxito de una inversión, si no la calidad en la diversificación (una buena diversificación neutraliza riesgos) y en la selección de activos que se ajusten a tu perfil. 

En la primera sección de nuestro curso gratuito Inversor Inteligente te contamos acerca de las distintas clases de activos que podrían formar parte de tu cartera de inversión.

Paso 3. Selección de activos

Ahora sí. Hicimos el diagnóstico, diseñamos un plan, y llegó el momento de ejecutarlo. Es el momento de elegir los instrumentos que van a formar parte de nuestra cartera de inversión. 

Uno de los conceptos claves para esta etapa, por ejemplo en acciones, es la búsqueda de empresas que generen alto valor (o creemos que lo harán) pero que su precio actual no lo reflejan.

También es posible armar una cartera con ETFs, y así, en vez de comenzar el laborioso análisis de instrumento por instrumento, podemos lograr una diversificación automática frente a empresas de algún país, región, industria o tamaño determinado, entre otros criterios. 

En el caso de la renta fija, el ojo, en cambio estará en la paridad que muestran los bonos, el tipo de bono o quién es el emisor. 

Existen diferentes criterios para finalizar la selección de activos. Los nuestros te los contamos en esa sección de nuestro curso Inversor Inteligente y te compartimos la clase teórica sobre las fases de mercado, un aspecto a analizar a la hora de hacer stock-picking. 

Paso 4. Seguimiento, reevaluación y rebalanceo.

Una vez que ejecutamos nuestro plan y tenemos una cartera de inversión, debemos mantenerla. Una de las ventajas de tener una cartera de inversión pensada para el mediano o largo plazo es que no requiere de un seguimiento constante. Aunque muchas veces el mundo de las finanzas se lo asocia con el estrés, la tensión y la volatilidad anímica, con la estrategia de inversión correcta podés ser un inversor relajado

No obstante, la cartera va a requerir de tu atención periódica. Una vez que la inversión comienza a desarrollarse es probable que nuestro plan inicial quede distorsionado. 

En un mercado donde las acciones están subiendo, tu cartera podría quedar desequilibrada, y, por ejemplo, la renta variable tener una ponderación mayor a la que diseñaste en el plan original. 

También es la oportunidad de introducir cambios si algunas de tus circunstancias personales o económicas se modificaron. Pudo haberse modificado tu tolerancia al riesgo a partir de algún evento (nacimiento de un hijo, por ejemplo) o bien un cambio en la situación económica que cambia tus necesidades de líquidez. 

La frecuencia de rebalanceo es una decisión personal. Uno de los criterios podría ser temporal: rebalanceo mi cartera una vez por trimestre o una vez por año. Otro criterio más cuantitativo podría decirnos qué debemos hacer un rebalanceo cuando una clase de activos determinada representa un 20% más de lo que estipulamos en nuestro plan original. 

Elegir un criterio y establecer una periodicidad de antemano te va a permitir sistematizar tu inversión, y automatizar tu la forma en la que abordas tus inversiones.

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