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Bitcoin no es una inversión


Por estos días el bitcoin volvió a las páginas principales de los portales de noticias y se convirtió en tema de conversación una vez más.

Los titulares ya no anuncian la «muerte» del bitcoin si no que van relatando su precio día a día como si fuese un partido de fútbol. 

Los jugosos retornos del bitcoin, y los constantes retornos después de haberlo dado por muerto, han sido la mejor estrategia de marketing hasta el momento en los últimos 12 años.

Cada unos cuatro años la emisión de nuevos bitcoins se reduce a la mitad, poniendo más presión sobre la oferta, y en consecuencia sobre el precio. 

Una vez que se activa este evento, conocido como halving (el último fue en mayo), el precio del bitcoin entra en una trayectoria parabólica, que en los ciclos anteriores se extendió durante 18 meses. 

Los años 2013 y 2017 marcaron el final del movimiento alcista del bitcoin de esos cíclos y también fueron en esos años donde más gente escuchó hablar del bitcoin por primera vez. 

En 2013, bitcoin paso de valer unos US$12 a más de US$1000, mientras que en 2017 pasó de US$215 a US$20.000. Ambas subidas fueron acompañadas por fuertes correcciones, superiores al 80%.

La inversión de la década

A finales del 2019, en los clásicos repasos de fin de año, y en ese caso de fin de década, todas las publicaciones financieras con honestidad intelectual tuvieron que bautizar, a regañadientes, al bitcoin como la «inversión de la década».

Sí, en su primer década, bitcoin se convirtió en «la inversión de la década».

Excepto en 2014 y 2018, bitcoin superó por lejos a cualquier otra clase de activos. Y los resultados de cualquier otro activo. Netflix, por lejos, lo sigue como la segunda mejor inversión de la década pasada. 

Pero todos ellos estaban equivocados. Bitcoin no fue la mejor de la inversión de la década.

Bitcoin no es una inversión. 

Ya muchos afirmaron eso. Warren Buffet, por ejemplo, describió a bitcoin como «veneno para ratas». Peter Schiff, un comentarista financiero y acérrimo defensor (y vendedor) del oro le dedica parte de su día a despotricar contra «la gran estafa ponzi» por Twitter. Nouriel Rubini, economista famoso por anticipar la crisis de 2008, tiene una rutina parecida.

Pero ellos también están equivocados. 

Bitcoin es un activo que uno puede usarlo para invertir. Comprar mínimos y vender en máximos (o comprar alto y vender más alto) y hacer alguna diferencia. 

Comprar con pesos o dólares alguna fracción de bitcoin (conocidas como satoshis) con la expectativa de que suba, por ejemplo, a US$100.000, y tomar unas interesantes ganancias mayores a un 200%. 

¿Eso lo hace un gran inversión? Si, pero este es un aspecto secundario del bitcoin. Hoy es una gran inversión porque estamos en una etapa temprana de descubrimiento de precios, pero solo considerarlo eso desperdiciaría gran parte de su potencial.

Si no es una inversión, ¿qué es?

Cuando uno invierte en un activo está comprando el derecho a usar o hacer algo con ese activo.

En el caso de los activos financieros, una acción nos puede dar el derecho a uno o más votos en la asamble de accionistas y a recibir dividendos de la empresa. Un bono te ‘asegura’ una renta fija y la devolución del capital invertido. Una opción te da el derecho a comprar o vender una acción en el futuro. 

Lo mismo ocurre con los precios de esos activos financieros que están ligados a una actividad empresaria, a una promesa de repago, o a una promesa de compra o venta.

Tener un bitcoin, en cambio, solo nos da derecho a tener un bitcoin y enviarlo a otra dirección compatible con la red.

Esto aunque pueda pasar por desapercibido es indispensable para comprender por qué bitcoin no es una inversión. 

Poder ser dueño de algo y tener la certeza de que uno es dueño de ello, y que nadie puede quitártelo contra tu voluntad no es algo menor.

Lamentablemente, los argentinos no necesitamos profundizar tanto para entender por qué esta es una característica importante en el bitcoin. Los vaivenes políticos y económicos al menos nos deberían dejar estas lecciones claras.

Hiperinflación, pesificación asimétrica, corralón, expropaciones, inflación, devaluación, son todas vías por la que lo que creíamos que era de uno deja de serlo. 

Incluso, una tenencia en acciones (que además están custodiadas por un tercero) también pueden ser licuadas si la empresa emite más acciones. 
 
Esta cualidad del bitcoin que lo hace inconfiscable, junto a su programa monetario de 21 millones de bitcoins, su descentralización y resistencia a la censura, convierten al bitcoin en un bien muy atractivo para convertirse en reserva de valor. 

Frente al oro, su principal competidor, cuenta con varias ventajas: es más fácil de almacenar, de transportar y de enviar a cualquier parte del mundo. También más económico. Y en el caso del bitcoin, la cantidad total de bitcoins no puede aumentar ante un aumento en la demanda y variaciones en el precio.

Bitcoin se está convirtiendo en una red utilizada como refugio de valor. Un protocolo para almacenar riqueza y preservarla frente al declive de las monedas tradicionales.

Fue creado con esa finalidad en 2008, y después de 12 años (el 3 de enero de 2009 se minaron los primeros 50 bitcoins) y de atravesar varias viscitudes propias de una tecnología naciente, está obteniendo cada vez más reconocimiento. 

Uno de los argumentos más comunes contra el bitcoin es que pueden surgir mejores criptoactivos que cumplan la funcion de reserva de valor que aspira cumplir bitcoin. Entonces, el argumento es que bitcoin podría convertirse en el MySpace de Facebook y tornarse obsoleto. 

Esta es una comparación errónea. Bitcoin no es un producto de consumo como un iPhone que compite contra los teléfonos Samsung y ambos tienen patentes que protegen sus creaciones. 

Bitcoin es más bien al dinero lo que el protoclo TCP/IP es a internet. Sobre ese protcolo se construyeron todas las redes sociales que existieron, funcionan todos los sitios web y envíamos y recibimos emails, entre otras cosas cosas. 

Tener bitcoins o fracciones de bitcoin te convierte en dueño de una porción de ese protocolo.
Y cada vez más, bitcoin atrae la atención de Big Money.

Quienes compraban bitcoin con fines meramente especulativos durante el ciclo alcista anterior, fueron desplazados por los jugadores institucionales del mercado.

Por ese motivo, también es probable que no volvamos a ver correcciones del 80%.

Fondos de inversión, bancos, brokers, aseguradoras y empresas, de a poco, comienzan a entender el poder del bitcoin y a mover parte de su patrimonio. 

Y compraron con el plan de mantenerlos durante mucho tiempo.

Leyendas del mundo de las finanzas como Stanley Druckenmiller, Bill Miller o Paul Tudor Jones son bitcoiners.

La segunda persona más rica de México, Ricardo Salinas Pliego, tiene el 10% de su patrimonio liquido en Bitcoin.

Michael Saylor, CEO de Microstrategy, una empresa de software que cotiza en bolsa, cambió todo el efectivo del tesoro de la compañía, y tomó deuda, para comprar 70.470  bitcoins. 

La lista sigue, pero no es muy larga. Tiene mucho, mucho espacio para seguir creciendo.

Hoy el tamaño total del bitcoin representa unos US$600.000 millones. Una suma ínfima en comparación al oro que representa unos US$9 billones de dólares (15x)

Y todo esto dentro de un gran esquema de más de US$250 billones de activos en activos considerados de resugardo de valor. La gran pregunta es ¿qué porcentaje de ese océano de valor estará en bitcoin?

En este post de Visual Capitalist hay una infografía que pone en dimensión el tamaño del bitcoin, frente al resto de la economía global.

Estos son algunos de los factores que hacen de bitcoin un protocolo que aspira atraer el valor equivalente a cientos de miles de millones o billonms de dólares que hoy están almacenados en activos de menor calidad. Más vulnerables. 

Y los megamillonarios lo saben. Grayscale Bitcoin Trust, un trust que permite a inversores institucionales acceder al bitcoin de forma sencilla, está comprando más bitcoins de los que se generan. Y junto a ellos, PayPal se ha sumado a alimentar la demanda. 

Es posible que en los próximos meses seamos testigos de una crisis de liquidez del lado de la oferta. Quienes entienden bitcoin, no quieren venderlos.

Que no haya los suficientes bitcoins para empresas, fondos, y otros inversores institucionales que mudarán parte de sus patrimonios a la red bitcoin. 

El efecto de una crisis de liquidez del lado de la oferta es un fuerte de ajuste del precio al alza para satisfacer la demanda.

Los 21 millones de bitcoins ya suenan escasos si los comparamos con los 15 millones de millonarios que hay en Estados Unidos.

Todavía es posible para los individuos comprar alguna fracción significativa de bitcoin (0.00241595 es la cantidad de bitcoins que te corresponderían si dividimos el circulante actual por la población mundial. A precios de hoy unos US$77-) 

Sin embargo, esto no durará mucho tiempo más. Los peces grandes ya fijaron sus ojos en bitcoins. 

Si querés profundizar te recomendamos esta introducción que hicimos el año pasado.

Entender lo que uno está comprando, y donde uno esta poniendo el fruto de su trabajo (su dinero) es fundamental para tener éxito en cualquier decisión, tanto en una inversión como cuando adopta un nuevo protocolo para almacenar riqueza. 
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